Paul Gauguin: El diario de Noa Noa y otras aventuras

6 septiembre - 25 enero 2026

Más de 100 obras y 23 xilografías procedentes de colecciones públicas y privadas internacionales trazan los viajes físicos y espirituales del pintor francés a través de los Mares del Sur, los símbolos primitivistas y las revoluciones formales que lo convirtieron en uno de los grandes innovadores de la pintura moderna.

Museo Storico della Fanteria, Piazza di S. Croce in Gerusalemme, 9

Dibujos y Litografías de Paul Gauguin, exposición en el Museo Histórico de la Infantería
Sala de exposiciones con dibujos y litografías

A través de un recorrido articulado entre pinturas, dibujos, grabados, cartas y testimonios literarios que narran la dimensión espiritual y aventurera de uno de los protagonistas del arte postimpresionista, la exposición “Paul Gauguin: El diario de Noa Noa y otras aventuras” ofrece al público la posibilidad de releer en profundidad la evolución estilística e intelectual del viaje artístico y humano del pintor francés, desde Bretaña hasta la Polinesia.

Comisariada con rigor científico, la muestra se configura como un viaje inmersivo en la dimensión simbolista y visionaria del autor, siguiendo sus huellas en territorios remotos y en la exploración de la espiritualidad, la identidad y el mito. Una ocasión rara para investigar la poética del exilio voluntario y del primitivismo, que hace de la figura de Gauguin un referente central aún hoy para comprender las tensiones del arte moderno.

Paul Gauguin: un artista en exilio voluntario

La inquietud de la modernidad

En el corazón de la segunda mitad del siglo XIX, el panorama artístico europeo atraviesa una profunda crisis de lenguaje e identidad. Es en este contexto donde la figura de Paul Gauguin (1848, París, Francia – 1903, Atuona, Islas Marquesas) se impone con fuerza arrolladora, encarnando lo que podríamos definir como la inquietud de la modernidad.
Su trayectoria biográfica, burgués de nacimiento, empleado en el sector financiero, autodidacta en pintura y posteriormente hereje de la academia, refleja las tensiones de una época que se interroga sobre la eficacia del arte como instrumento de comprensión de la realidad.

Para Gauguin, la modernidad es al mismo tiempo una condición de la que huir y un nudo problemático que atravesar: un tiempo de disgregación en el que las certezas perspectívicas y lumínicas del impresionismo resultan insuficientes para captar las verdades más profundas de la existencia.

De ahí deriva una estética de la interioridad, un deseo creciente de penetrar en lo visible hasta desenmascarar su sentido oculto. Sus cuadros no describen: evocan, sugieren, interrogan. El arte se convierte así en el lugar de una revelación personal y espiritual, que se opone al naturalismo dominante para abrirse a visiones más arcaicas y universales. En este sentido, Gauguin anticipa la sensibilidad del siglo XX, sustituyendo la fidelidad a la naturaleza por una fidelidad al mito, al inconsciente, a la memoria colectiva.

Los orígenes bretones y el periodo francés

No falta una sección dedicada a la fase inicial de la obra de Gauguin, marcada por su estancia en Bretaña y su relación con el grupo de Pont-Aven. Aquí el artista desarrolló la técnica del sintetismo, en la que el color y la forma se liberan de la mímesis para adherirse a una emoción interior. En estas obras, a menudo inspiradas en la religiosidad popular bretona, ya emerge la tensión entre lo real y lo simbólico que caracterizará toda su producción posterior.

Lejos de Europa: un viaje espiritual

Gauguin es una de las figuras más emblemáticas de aquella generación de artistas que, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, eligieron romper con la sociedad burguesa y con las convenciones estéticas dominantes. Nacido en París en 1848, tras una breve carrera en la marina mercante y en el sector financiero, decidió dedicarse completamente a la pintura. Después de sus primeros años en contacto con el impresionismo, Gauguin buscó progresivamente un lenguaje autónomo y más visionario, basado en símbolos arcaicos, formas sintéticas y colores intensos.

Su célebre traslado a Tahití en 1891 fue mucho más que un viaje exótico: representó una auténtica elección existencial, orientada a reencontrar, lejos de la Europa industrializada, un contacto más auténtico con la espiritualidad, la naturaleza y el arte. “Quiero vivir en armonía con mi sueño”, escribió. Y ese sueño tomó forma en sus célebres pinturas tahitianas, en las que las figuras femeninas, los paisajes tropicales y los mitos locales se funden en una visión estética poderosa y desconcertante.

Bretaña y el nacimiento del Sintetismo

Es en Bretaña, entre 1886 y 1889, donde Gauguin define los rasgos de un nuevo lenguaje pictórico, basado en la autonomía del color y en la interpretación subjetiva del paisaje. Allí entra en contacto con Émile Bernard y con el llamado “cloisonnisme”, técnica que preveía el uso de campos de color planos y contornos netos. La experiencia bretona culmina en obras maestras como La visión después del sermón (1888), en las que ya se percibe la tensión entre realidad y visión que caracterizará toda su producción posterior.

Gauguin y Van Gogh: el encuentro fallido

Un foco particular está dedicado a la breve pero intensa estancia en Arlés en 1888, donde Gauguin vivió y trabajó con Vincent van Gogh. La convivencia, que duró pocas semanas, terminó de manera traumática, pero marcó profundamente a ambos. La exposición explora los resultados de este intercambio, también a través de cartas, bocetos y pinturas en los que emerge la divergencia de enfoque entre los dos artistas: más lírico e impulsivo Van Gogh, más estructurado y teórico Gauguin.

El viaje a la Polinesia y la escritura de “Noa Noa”

El viaje a la Polinesia, iniciado en 1891, no fue para Gauguin un simple desplazamiento geográfico, sino un acto fundacional, una ruptura radical con la cultura de origen y una búsqueda de autenticidad teñida de tensión sagrada. Partió hacia Tahití animado por una visión casi profética: el deseo de reencontrar una humanidad primordial, libre de las superestructuras morales y culturales de Occidente.

Pero su “otro lugar” no es un sitio geográfico definido: es una proyección poética, una idea, una construcción imaginaria. En este sentido, la Polinesia de Gauguin es simultáneamente vivida y soñada, experimentada y narrada, en un juego de reflejos que alcanza su punto culminante en el diario.

Escrito durante su primera estancia en Tahití y publicado póstumamente, Noa Noa no es un documento objetivo, sino una narración mitopoiética. El propio título, que significa “perfumado” en lengua maorí, sugiere una inmersión sensorial y espiritual. En este texto, el artista fusiona crónica, mito, confesión y lirismo. El lenguaje se convierte en instrumento visionario, capaz de recrear no solo el mundo exterior, sino sobre todo el estado de ánimo interior.

Chamán y demiurgo

Gauguin narra su transformación en chamán y demiurgo, aquel que a través del arte relee la realidad y le devuelve significado. El diario es así el contrapunto de la pintura, su doble narrativo: si los cuadros expresan la imagen, la escritura articula su tiempo, su memoria, su vibración emocional.

La exposición ofrece la rara oportunidad de contemplar extractos originales de “Noa Noa”, revelando el papel central que la escritura desempeñó en la definición de la identidad gauguiniana. Las páginas expuestas no son solo testimonios textuales, sino auténticos objetos estéticos, donde texto e imagen se entrelazan en una trama sinestésica que anticipa el libro de artista del siglo XX.

Gauguin, exposición en Roma 2025–2026: xilografías y objetos del viaje a la Polinesia
Xilografías y objetos del viaje a la Polinesia

El recorrido expositivo de la muestra

Dividida en varias secciones, la exposición acompaña al visitante a través de los principales hitos de la vida y la obra de Gauguin, siguiendo un recorrido expositivo tanto cronológico como temático. La selección de obras es especialmente destacable por la variedad de soportes y lenguajes: pinturas al óleo, grabados en madera, cerámicas, acuarelas, cartas autógrafas, fotografías de época, mapas y materiales editoriales.

Un primer núcleo explora la fase impresionista y la estancia en Bretaña, destacando el distanciamiento progresivo de Gauguin respecto a las poéticas naturalistas. Le siguen las secciones dedicadas a las estancias en Tahití y las Islas Marquesas, con pinturas emblemáticas como «Arearea», «Parau Api» o «Te tamari no atua», en las que el color adquiere un papel estructurante y la figura se convierte en vehículo simbólico.

No faltan, por último, secciones dedicadas al tema de la recepción crítica, con paneles centrados en la influencia ejercida por Gauguin sobre las generaciones posteriores. En particular, la relación con Van Gogh, con los Nabis y con el Primitivismo de las vanguardias se ilustra mediante comparaciones iconográficas y documentos de archivo.

Son más de cien las obras expuestas, procedentes de importantes museos internacionales y colecciones privadas, entre ellas pinturas, grabados, cerámicas, cartas autógrafas y fotografías de época. La narración visual se articula en torno a varios núcleos fundamentales: la experiencia impresionista, la estancia en Bretaña, los viajes oceánicos y el papel de la escritura y del mito en su obra.

La pintura como expresión del pensamiento

Desde sus inicios, Gauguin concibe la pintura como un acto espiritual. A diferencia de los impresionistas, para quienes el acto pictórico estaba ligado a la experiencia sensible y a la luz, el artista francés se vuelca hacia la interioridad, buscando en el cuadro la manifestación de una idea, de una emoción o de un arquetipo. En este sentido, la muestra pone de relieve cómo la búsqueda de formas simplificadas y colores intensos está orientada a un lenguaje simbólico, capaz de comunicarse directamente con el inconsciente del espectador.

Primitivismo y simbolismo: los ciclos polinesios

La sección más amplia de la exposición está dedicada a la producción artística realizada durante las estancias en Tahití y las Islas Marquesas. Un punto clave de la muestra es el análisis del concepto de primitivismo, que en Gauguin adquiere connotaciones ambivalentes. Su obra anticipa muchas de las inquietudes que más tarde serían retomadas por movimientos como el Expresionismo y el Fauvismo. Su estilo, marcadamente antinaturalista, se basa en superficies planas, colores arbitrarios, contornos definidos y composiciones no perspectívicas. En este sentido, Gauguin se sitúa en claro contraste tanto con la pintura académica como con el Impresionismo, del que también formó parte en sus primeras etapas.

Los desnudos femeninos polinesios, las escenas de la vida cotidiana y las figuras divinas que pueblan sus lienzos son a la vez documentos antropológicos y proyecciones míticas. Obras como «Te aa no areois» o «Manao tupapau» testimonian su interés por el simbolismo de las leyendas locales y la metafísica de lo cotidiano, en una pintura que adquiere los rasgos de un lenguaje casi litúrgico.

El interés por las culturas “otras”, sin embargo, no se limita a un propósito decorativo o folclórico. En Gauguin, el exotismo se convierte en una categoría crítica: una forma de oponer a la alienación de la modernidad occidental una dimensión distinta, tanto imaginaria como simbólica. Su “retorno a los orígenes” se configura así como una de las primeras reflexiones profundas sobre la alteridad cultural en el arte moderno.

El «Diario de Noa Noa»: el arte como confesión

En el corazón de la exposición se encuentra el diario «Noa Noa», no solo como testimonio literario, sino como arte como confesión. La idea de Gauguin de acompañar sus lienzos con un texto escrito nace de una necesidad profunda: la de crear una narrativa integrada, en la que pintura, palabra y mito convivan dentro de un universo estético coherente. El artista concibe así una forma de expresión que anticipa las poéticas multimedia del siglo XX: el diario no es un simple complemento explicativo, sino parte integrante de su obra, su extensión simbólica y espiritual.

En el texto, el yo narrador no es ya solo el artista europeo que observa un mundo “exótico”, sino un sujeto que participa de la cultura indígena, aunque permanece consciente de su papel como constructor de imágenes. Esta tensión entre autenticidad y artificio convierte el Diario en un documento tanto estético como filosófico. El lenguaje adopta tonos líricos, a veces extáticos, alternados con descripciones de rituales, leyendas y gestos cotidianos. El elemento visionario impregna la prosa, haciéndola afín al simbolismo literario de Mallarmé o al misticismo poético de Blake.

Manuscritos anotados

La muestra presenta diversas versiones del diario, incluidas ediciones ilustradas con xilografías del propio artista y manuscritos anotados, que permiten seguir el proceso creativo y las revisiones. Algunas hojas están decoradas con dibujos y motivos ornamentales, testimoniando el propósito sincrético del autor. Desde una perspectiva filológica, estos materiales permiten investigar la intersección entre imagen y palabra, entre obra pictórica y poética de la vida.

A la luz de todo ello, Noa Noa se revela como una especie de manifiesto existencial y estilístico, donde el arte se convierte en un lenguaje total y el artista en el demiurgo de una nueva realidad interior. El diario no se limita a relatar un viaje, sino que lo transfigura en un rito de paso, en una experiencia iniciática que deja una huella profunda no solo en la obra de Gauguin, sino en la historia del arte moderno en su conjunto.

Diarios y Libros: Recorrido Expositivo de la Muestra sobre Gauguin en Roma
Diarios y libros a lo largo del recorrido de la exposición

Por qué visitar la exposición

Un artista fundamental para comprender el arte moderno

Paul Gauguin es una figura esencial para comprender las transformaciones que afectaron al arte europeo entre los siglos XIX y XX. La exposición permite recorrer, a través de obras y documentos de gran valor, el camino de un artista que supo anticipar los lenguajes de las vanguardias, permaneciendo al mismo tiempo arraigado en un imaginario personal y poético. Su obra se sitúa en la encrucijada entre estética, antropología y espiritualidad, convirtiéndolo en uno de los autores más influyentes y complejos de la modernidad.

Una ocasión única para admirar materiales originales

Muchas de las obras expuestas proceden de colecciones privadas y rara vez se presentan al público. La muestra ofrece por tanto una ocasión preciosa para entrar en contacto directo con trabajos que raramente abandonan los circuitos coleccionistas internacionales. La presencia de documentos, cartas y materiales de archivo permite además profundizar no solo en el artista, sino también en el hombre, con todas sus contradicciones y aspiraciones.

Un itinerario para estudiosos, apasionados y viajeros del alma

La exposición está pensada para un público amplio pero exigente: desde los estudiosos del arte hasta los apasionados por la historia de las religiones; desde quienes buscan una profundización cultural hasta aquellos que desean simplemente dejarse inspirar. El viaje de Gauguin, como sugiere el título, es también un viaje interior, una aventura del alma que sigue interrogando al espectador contemporáneo sobre el sentido del arte, de la diversidad y de la búsqueda personal.

Una experiencia cultural y simbólica

Además de la contemplación estética, la muestra representa una oportunidad para reflexionar sobre los temas universales que atraviesan la obra de Gauguin: el viaje, la identidad, la espiritualidad, la relación entre la cultura occidental y la alteridad. El diseño curatorial permite una lectura estratificada de los contenidos, ofreciendo tanto una introducción accesible para el público general como análisis críticos para especialistas y amantes del arte.

Didáctica y dispositivos multimedia

El recorrido se enriquece con paneles explicativos, dispositivos multimedia, mapas interactivos y fichas temáticas que guían al visitante a través de los distintos ámbitos de la obra gauguiniana. Una sección didáctica dedicada a estudiantes y familias permite comprender mejor las transformaciones históricas y culturales del período en que Gauguin trabajó, contextualizando sus viajes dentro de las dinámicas coloniales y las corrientes simbolistas europeas.

El contexto histórico-artístico y la recepción crítica

Gauguin y el Postimpresionismo

Aunque partió del Impresionismo, Gauguin se alejó rápidamente de él, acercándose a una pintura que privilegiaba la construcción mental y simbólica frente a la percepción inmediata. Su lenguaje influyó profundamente en Van Gogh, Munch, el grupo de los Nabis, y posteriormente en Pablo Picasso y Henri Matisse. La exposición en Roma también restituye el papel central que el artista tuvo en el origen del arte moderno, mostrando cómo sus experimentos formales anticiparon muchos aspectos del Expresionismo y del Primitivismo de las vanguardias históricas.

Un artista controvertido pero imprescindible

En las últimas décadas, la figura de Gauguin ha sido objeto de una amplia revisión crítica. Junto al reconocimiento de su contribución artística, ha surgido una reflexión sobre las implicaciones éticas y culturales de su actividad en contextos colonizados. La muestra aborda estas cuestiones sin retórica, ofreciendo elementos de reflexión sobre la relación entre arte y poder, entre creatividad individual y responsabilidad histórica. En este sentido, la exposición invita a un diálogo maduro con la herencia de un artista que, aunque controvertido, sigue siendo imprescindible para comprender las metamorfosis del arte contemporáneo.

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