Bice Lazzari. Los lenguajes de su tiempo.

12 febrero - 3 mayo 2026

Más de doscientas obras recorren más de cuarenta años de investigación de Bice Lazzari, una voz central e independiente del arte italiano del siglo XX, una de las figuras más rigurosas y distintivas del panorama artístico del Novecientos.

Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea – Viale delle Belle Arti, 131

Bice Lazzari: Hero, témpera sobre papel. Exposición en Roma
Hero, témpera sobre papel. © Walter Larrimore

La exposición reúne más de doscientas obras, entre pinturas, trabajos sobre papel, materiales de archivo y documentos, ofreciendo un amplio recorrido crítico por más de cuatro décadas de experimentación artística. El proyecto pone de relieve la complejidad de una práctica que evolucionó desde la figuración y las artes aplicadas hacia una forma refinada y meditativa de abstracción, en la que la línea, el ritmo y la tensión espacial se convierten en los elementos centrales de un lenguaje visual profundamente personal. La exposición contribuye además de manera significativa a la reevaluación de las mujeres artistas dentro del relato más amplio del arte moderno.

Bice Lazzari: biografía y formación

Años venecianos y formación temprana

Nacida en Venecia en 1900, Bice Lazzari desarrolló su identidad artística en un entorno cultural profundamente arraigado en la tradición y, al mismo tiempo, cada vez más receptivo a la experimentación moderna. Formada inicialmente en música —educación que más tarde influiría en la estructura rítmica de sus composiciones—, ingresó en la Academia de Bellas Artes de Venecia. Sus primeras obras se sitúan en el ámbito de la figuración, revelando una cuidada atención al equilibrio compositivo y a la claridad estructural.

Paralelamente a la pintura, Lazzari dedicó una parte considerable de su energía a las artes aplicadas y al diseño decorativo durante las décadas de 1920 y 1930. Lejos de constituir una actividad marginal, esta experiencia representó un laboratorio fundamental para su comprensión de las estructuras modulares, la articulación de la superficie y el diálogo entre forma y espacio. Incluso en estas obras tempranas se percibe una tendencia hacia la simplificación y una reducción progresiva de los elementos descriptivos, anticipando sus posteriores desarrollos abstractos.

El traslado a Roma y el encuentro con la modernidad

En 1935 Lazzari se trasladó a Roma, un punto de inflexión decisivo en su carrera. La capital ofrecía un contexto complejo y culturalmente dinámico, marcado por la arquitectura racionalista y por una creciente apertura hacia las tendencias abstractas. Su interacción con arquitectos, diseñadores y artistas fomentó una exploración más profunda de los principios estructurales y de la autonomía formal.

Durante y después de la Segunda Guerra Mundial, su pintura se fue desprendiendo progresivamente de la representación. El elemento lineal, inicialmente un recurso descriptivo, se convirtió en una fuerza estructural autónoma. La línea se transformó en ritmo, medida y articulación espacial. Esta transición no fue abrupta, sino el resultado de una evolución gradual y coherente, basada en una reflexión disciplinada.

Madurez y reconocimiento crítico

En las décadas de 1950 y 1960, Lazzari articuló plenamente su lenguaje abstracto. Sus obras de este período presentan con frecuencia campos monocromos atravesados por secuencias de líneas finamente calibradas, que generan sutiles vibraciones ópticas y tensiones rítmicas controladas. La reducción de los medios no implica austeridad; por el contrario, intensifica la concentración formal y la precisión expresiva.

Aunque el reconocimiento crítico fue creciendo de manera constante, la posición de Lazzari permaneció en cierto modo periférica dentro de los relatos dominantes de la historia del arte, a menudo centrados en protagonistas masculinos. Esta retrospectiva permite una nueva valoración de su papel dentro del arte italiano del siglo XX, subrayando tanto su originalidad como su diálogo con los desarrollos internacionales.

Tema de la exposición

La noción de “lenguaje” como marco interpretativo

El título sugiere una perspectiva que trasciende la mera sucesión cronológica. “Lenguajes” alude a la pluralidad de códigos formales y estrategias expresivas mediante los cuales Lazzari se enfrentó a las transformaciones del arte del siglo XX. En lugar de adherirse pasivamente a las tendencias predominantes, mantuvo un diálogo crítico con la abstracción, la pintura informal y, posteriormente, con las investigaciones minimalistas.

En la práctica de Lazzari, el lenguaje se convierte en una meditación sobre la propia naturaleza de la pintura: la superficie como campo de tensión, el signo como huella temporal, la línea como estructura generativa. Cada fase de su producción corresponde a una modulación específica de estos elementos, redefinidos continuamente a través de una indagación disciplinada.

Abstracción, ritmo y estructura

La exposición pone en primer plano la contribución de Lazzari a la abstracción italiana. Sus obras rehúyen el gestualismo impulsivo y articulan, en cambio, una construcción medida y casi musical. La repetición y la variación funcionan como principios compositivos, creando secuencias rítmicas que se despliegan sobre el plano pictórico.

En muchas obras de las décadas de 1960 y 1970, la superficie está atravesada por líneas paralelas o delicadas tramas gráficas que producen sutiles efectos vibratorios. La paleta cromática suele ser contenida —blancos, grises, negros y rojos profundos— reforzando una dimensión espacial contemplativa. La abstracción de Lazzari no es ni puramente analítica ni emocionalmente distante; conserva una cualidad lírica inscrita en su rigor formal.

Una posición independiente en el siglo XX

La exposición deja clara la posición independiente de Lazzari frente a los movimientos contemporáneos. Si bien su investigación dialoga con aspectos del arte informal europeo y con tendencias minimalistas, mantuvo una distancia deliberada respecto a afiliaciones doctrinales. Su práctica emerge como una indagación personal sostenida, basada en la disciplina y la introspección.

El enfoque temático sitúa así a Lazzari no solo como testigo de su época, sino como intérprete activa de sus lenguajes artísticos. La pluralidad de sus aproximaciones refleja una redefinición continua de la identidad artística, más que una fragmentación estilística.

Recorrido expositivo

De la figuración a la síntesis formal

La exposición se abre con obras tempranas que documentan su fase figurativa. Paisajes, naturalezas muertas y composiciones decorativas revelan un interés por el equilibrio estructural y por la relación entre espacios llenos y vacíos. Estas obras ya sugieren un movimiento hacia la simplificación y la forma esencial.

Esta sección aclara que la abstracción no fue una ruptura, sino la culminación de una transformación gradual. La figuración se disuelve progresivamente, dando paso a estructuras cada vez más esenciales.

Los años de posguerra y la emergencia de la abstracción

La sección central se centra en el período de posguerra, cuando Lazzari articuló con mayor decisión su identidad abstracta. La línea se convierte en el elemento fundamental de su lenguaje, ya no descriptivo, sino estructural y autónomo.

Signo y superficie

En numerosas obras sobre lienzo y papel, secuencias de líneas organizan el espacio pictórico en campos de vibración controlada. La superficie pintada se convierte en un lugar activo de tensión, más que en un soporte neutral. La economía de medios intensifica la atención del espectador hacia la relación entre signo y fondo.

Materiales y experimentación

Junto a las pinturas, las obras sobre papel revelan una experimentación técnica constante. Lápiz, tinta y témpera se emplean con precisión, seleccionando cada material por su potencial expresivo específico. A pesar de las variaciones de medio, una disciplina formal coherente unifica la producción.

Fase madura: minimalismo e intensidad lírica

La sección final está dedicada a las obras maduras, donde la reducción formal alcanza su máximo nivel de síntesis. Líneas finas atraviesan extensiones monocromas, creando composiciones que evocan una introspección meditativa.

La línea como escritura

Aquí la línea asume el valor de una escritura personal. No describe ni representa, sino que registra un movimiento interior. La repetición se convierte en método de investigación, mientras que la variación sutil introduce una tensión dinámica dentro de una aparente quietud.

El espacio como experiencia mental

El espacio pictórico no se concibe como profundidad ilusoria, sino como un campo mental. La ausencia de perspectiva tradicional concentra la atención en la superficie, invitando a una contemplación lenta y analítica. Las pinturas de Lazzari exigen tiempo: tiempo para la observación y para percibir las diferencias más mínimas.

Por qué visitar la exposición

Relectura crítica del arte moderno italiano

Esta exposición ofrece una oportunidad esencial para reconsiderar el desarrollo del arte moderno y contemporáneo en Italia a través de la mirada de una artista que llevó a cabo su investigación con coherencia e independencia. La reconstrucción de su trayectoria enriquece la comprensión de la abstracción italiana y contribuye a una reevaluación más amplia de las aportaciones de las mujeres a la historia del arte del siglo XX.

Experiencia de disciplina y contemplación

Visitar la exposición implica confrontarse con una concepción de la pintura fundamentada en el rigor, la disciplina y la introspección. Las obras rehúyen el espectáculo y fomentan, en cambio, una mirada atenta y reflexiva, invitando a meditar sobre el significado del signo y la forma.

Vigencia perdurable de una investigación personal

En un siglo marcado por rápidos cambios y sucesivas vanguardias, Lazzari eligió un camino de concentración y sustracción. Este compromiso sostenido con la forma esencial otorga a su obra una resonancia contemporánea notable. En el marco institucional de la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea – Viale delle Belle Arti, 131, la retrospectiva adquiere una relevancia particular, contribuyendo a redefinir el canon del arte italiano del siglo XX y afirmando la vitalidad perdurable de los lenguajes abstractos.

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