30 abril - 31 diciembre 2029
La exposición propone un recorrido permanente dedicado a la extraordinaria relación entre arte, ciencia y técnica en el pensamiento de Leonardo. Máquinas funcionales reconstruidas a partir de sus códices, dispositivos interactivos, recursos multimedia y profundizaciones temáticas permiten observar en tres dimensiones algunas de las intuiciones que Leonardo desarrolló a lo largo de su incansable investigación sobre la naturaleza y los mecanismos del mundo.
Palazzo della Cancelleria – P.za della Cancelleria, 1
Exposición permanente
Convertida en una exposición permanente, la muestra aborda uno de los aspectos más complejos del legado de Leonardo: la relación entre observación, dibujo, experiencia y construcción mecánica. El recorrido reproduce en tres dimensiones numerosos proyectos contenidos en los manuscritos de Leonardo mediante máquinas realizadas principalmente en madera, modelos funcionales e instrumentos interactivos.
El visitante puede seguir así el paso de la página dibujada al mecanismo, comprendiendo los principios de transmisión del movimiento, elevación, vuelo, hidráulica e ingeniería militar. Las vitrinas multimedia y nueve hologramas amplían la experiencia, mientras que, en los sótanos, la visita llega hasta el sepulcro romano de Aulo Hircio, descubierto en 1938 y hoy parcialmente sumergido por las aguas del antiguo Euripo.
Para comprender el significado de las máquinas expuestas es necesario situar a Leonardo da Vinci en la cultura técnica de su época. De hecho, la imagen moderna del genio solitario que se adelanta varios siglos a todos los inventos futuros corre el riesgo de simplificar un fenómeno histórico mucho más complejo. Leonardo alcanzó resultados excepcionales, pero desarrolló su actividad en el marco de aquella profunda transformación de los conocimientos mecánicos que atravesó Italia entre los siglos XIV y XV y que los historiadores de la ciencia han definido como un auténtico «Renacimiento de las máquinas».
Artistas, arquitectos e ingenieros como Filippo Brunelleschi, Mariano di Jacopo, conocido como Taccola, y Francesco di Giorgio Martini ya habían diseñado dispositivos para elevar grandes pesos, máquinas hidráulicas, sistemas de transmisión, mecanismos militares y dispositivos destinados a las obras de construcción. Leonardo asimiló esta tradición, pero la llevó a un nivel de análisis extraordinariamente más sistemático. En sus hojas, la máquina no es únicamente un objeto que construir: se convierte en un instrumento para estudiar las leyes del movimiento.
La formación en el taller de Andrea del Verrocchio puso a Leonardo en contacto con un entorno en el que la pintura, la escultura, la metalurgia, la mecánica, la escenografía y las técnicas de construcción pertenecían a una misma cultura operativa. En el siglo XV, la separación moderna entre las artes figurativas y las disciplinas de ingeniería era mucho menos rígida: construir una máquina, diseñar un dispositivo teatral u organizar la fundición de una gran estatua requería conocimientos geométricos y mecánicos comparables a los utilizados en arquitectura.
Leonardo convirtió el dibujo en el principal instrumento de esta investigación. Engranajes, tornillos, poleas, cojinetes, polipastos, palancas y sistemas de transmisión aparecen con frecuencia aislados, descompuestos y estudiados desde diferentes puntos de vista. La representación gráfica no se limita a ilustrar una máquina ya concebida, sino que permite comprender su funcionamiento y modificar progresivamente su estructura.
Los manuscritos de Leonardo deben interpretarse, por tanto, como un inmenso laboratorio intelectual. En ellos conviven observaciones extraídas de la experiencia, copias y reelaboraciones de dispositivos anteriores, intentos fallidos, intuiciones innovadoras y proyectos destinados a permanecer sobre el papel. No son catálogos de inventos listos para ser construidos, sino documentos de un pensamiento sometido continuamente a comprobación.
Son emblemáticos los estudios sobre el movimiento perpetuo. Leonardo retomó dispositivos ya presentes en la tradición medieval y en los trabajos de los ingenieros sieneses, analizando ruedas en las que los pesos y los brazos móviles debían producir un desequilibrio continuo. Sin embargo, después de estudiar numerosas variantes, llegó a comprender que aquello era imposible. Se trata de un paso importante porque demuestra que su grandeza no consistía únicamente en imaginar nuevas máquinas, sino también en someter las hipótesis técnicas a una crítica basada en la observación de los fenómenos.
Otro elemento esencial es la relación entre mecánica y naturaleza. Leonardo observaba el movimiento del agua, el vuelo de los pájaros, la articulación de los huesos y la acción de los músculos, buscando principios que pudieran describirse mediante fuerzas, palancas, presiones y trayectorias.
Esta concepción se manifiesta con especial claridad en los estudios sobre el vuelo. Las primeras hipótesis de máquinas con alas batientes dejan progresivamente paso a un análisis más preciso del comportamiento de las aves y de las corrientes de aire. En el Códice sobre el vuelo de los pájaros, compuesto en los primeros años del siglo XVI, Leonardo estudia sobre todo la posibilidad de mantenerse y maniobrar en el aire aprovechando el viento, aproximándose al principio del vuelo planeado.
También la presencia en el recorrido de dispositivos como el tornillo de Arquímedes ayuda a comprender correctamente el método de Leonardo. Leonardo no inventó este antiguo sistema para elevar agua: lo estudió, lo dibujó y lo incorporó al repertorio más amplio de soluciones hidráulicas conocidas en su época. Lo mismo sucede con numerosos mecanismos que recibió de la tradición técnica y transformó mediante nuevas combinaciones y aplicaciones.
Es precisamente esta continuidad histórica la que hace más interesante la figura de Leonardo como ingeniero. Su originalidad no necesita el mito del inventor aislado: surge, más bien, de su capacidad para reunir conocimientos anteriores, confrontarlos con la experiencia, descomponerlos en sus elementos esenciales y desarrollar posibilidades hasta entonces inexploradas.
El núcleo de la exposición está constituido por las reconstrucciones tridimensionales derivadas de los dibujos contenidos en los códices. El recorrido ocupa aproximadamente mil metros cuadrados y reúne más de sesenta máquinas y modelos, acompañados de recursos multimedia y contenidos dedicados a los diferentes campos de investigación abordados por el artista.
No se exponen manuscritos ni pinturas originales de Leonardo: el proyecto museográfico elige deliberadamente otra dirección, transformando el dibujo técnico en una experiencia física. Las reconstrucciones permiten observar dimensiones, relaciones entre los elementos y movimientos que, sobre la superficie de una página, requerirían conocimientos especializados para ser comprendidos plenamente.
Las máquinas de madera constituyen el principal elemento distintivo de la exposición. Algunas reconstrucciones tienen dimensiones considerables y permiten examinar directamente engranajes, sistemas de palancas, poleas y dispositivos destinados a transmitir la fuerza.
El recorrido comprende diferentes familias de proyectos: máquinas relacionadas con el vuelo, la hidráulica, la manipulación de cargas, la ingeniería civil y la guerra. De este modo se restituye la multiplicidad de los intereses técnicos de Leonardo, sin separar artificialmente campos que en sus manuscritos se encuentran continuamente interrelacionados.
Entre las reconstrucciones más reconocibles a primera vista figura el célebre carro blindado, diseñado gráficamente por Leonardo durante su periodo milanés. El proyecto imagina una gran estructura móvil protegida por una cubierta inclinada y dotada, a lo largo de su perímetro, de numerosas bocas de fuego.
Más que considerarlo un carro de combate moderno anticipado en cuatro siglos, históricamente resulta más correcto interpretarlo en el contexto de la ingeniería militar renacentista. La introducción y el perfeccionamiento de las armas de fuego estaban transformando las fortificaciones, los asedios y las tácticas bélicas, mientras que los ingenieros de las cortes recibían el encargo de proponer máquinas ofensivas y defensivas cada vez más complejas. El proyecto de Leonardo pertenece a este entorno, aunque se distingue por la extraordinaria capacidad gráfica con la que representa la relación entre estructura, movimiento y armamento.
Otra célebre intuición está representada por el paracaídas, concebido como una estructura piramidal recubierta de tela, destinada a ralentizar la caída de una persona mediante la resistencia del aire. El proyecto forma parte de la investigación más amplia de Leonardo sobre el vuelo, que incluye alas batientes, dispositivos articulados y estudios sobre la posibilidad de planear.
También en este caso, el valor histórico reside sobre todo en el procedimiento mental. Leonardo intenta transformar el comportamiento del aire en un problema mecánico y geométrico. El dibujo se convierte así en un espacio experimental en el que evaluar superficies, pesos y fuerzas antes incluso de que el dispositivo pueda construirse materialmente.
Junto a las máquinas más espectaculares, el recorrido permite observar dispositivos aparentemente más sencillos, pero fundamentales para comprender el método de Leonardo. Engranajes, tornillos, poleas, sistemas de elevación y mecanismos de transmisión muestran la atención dedicada a los componentes elementales de la mecánica.
Leonardo tendía, de hecho, a descomponer una máquina compleja en unidades funcionales. Una vez comprendido el comportamiento de cada elemento, era posible combinarlo con otros dispositivos y obtener sistemas diferentes. Este método modular constituye uno de los aspectos más modernos de su manera de abordar los problemas técnicos.
La característica más significativa de la exposición es la posibilidad de interactuar con numerosas máquinas. El visitante no se limita a observar su forma, sino que puede poner en movimiento engranajes y mecanismos, siguiendo directamente la transmisión de la fuerza de un componente a otro.
La interactividad cumple, por tanto, una función propiamente didáctica. Girar una manivela y observar la consiguiente rotación de una serie de engranajes permite comprender inmediatamente un principio que, explicado únicamente mediante el lenguaje técnico, podría resultar abstracto.
Este tipo de experiencia establece una relación particular con el propio método de Leonardo, basado en la primacía de la experiencia. Naturalmente, las reconstrucciones contemporáneas no deben confundirse con máquinas construidas y utilizadas históricamente por el artista: son interpretaciones tridimensionales elaboradas a partir de sus dibujos.
Su función consiste precisamente en comprobar visual y mecánicamente lo que sugiere el manuscrito. De este modo, el visitante también puede reconocer los problemas inherentes a la reconstrucción: una hoja de Leonardo puede presentar un nivel de detalle extraordinario en algunos puntos y dejar indeterminados los materiales, las dimensiones o los sistemas de unión en otros. Transformarla en una máquina funcional implica, por tanto, un trabajo de interpretación.
El recorrido de las máquinas se completa con siete vitrinas temáticas que reúnen reproducciones de los dibujos y los códices de Leonardo, acompañadas de tabletas y contenidos interactivos. Los materiales complementarios abarcan numerosos ámbitos de su investigación, entre ellos la anatomía, la botánica, las matemáticas, la arquitectura, la ingeniería, la aeronáutica, la música, la cocina y el teatro, mostrando hasta qué punto el pensamiento de Leonardo se desarrollaba a través de disciplinas estrechamente relacionadas entre sí.
Las tabletas, las imágenes de alta resolución, las reconstrucciones tridimensionales y las explicaciones en vídeo permiten ampliar detalles y profundizar en temas que las propias máquinas no podrían documentar. Esta elección también evita una lectura exclusivamente tecnológica de Leonardo, recordando hasta qué punto su actividad como ingeniero era inseparable de su trabajo como artista y observador de la naturaleza.
Un sector específico de la exposición, denominado «Da Vinci, A New Dimension», utiliza nueve hologramas para desarrollar aún más la interpretación tridimensional de los proyectos. Las imágenes virtuales están dedicadas a los estudios sobre el vuelo, la guerra, la ingeniería y la pintura.
En este caso, la función de la tecnología digital es diferente de la que desempeñan las reconstrucciones físicas. La máquina ya no es únicamente un objeto inmóvil ante el visitante, sino que puede visualizarse durante su funcionamiento, aislando sus partes y movimientos.
El holograma se convierte así en una especie de extensión contemporánea del dibujo técnico. Leonardo recurría con frecuencia a vistas múltiples, secciones y descomposiciones para representar una máquina más allá de lo que habría sido posible observar desde un único punto de vista; la animación tridimensional persigue un objetivo similar mediante instrumentos tecnológicos modernos.
El valor de esta sección no reside, por tanto, en producir un simple efecto espectacular, sino en hacer legible el movimiento potencial contenido en las hojas de Leonardo. Los engranajes y los componentes pueden seguirse durante la acción, aclarando la relación entre los distintos elementos y el funcionamiento del conjunto.
Al final del recorrido dedicado a Leonardo, la visita introduce un elemento completamente diferente, pero estrechamente vinculado a la experiencia museística: en los sótanos del Palazzo della Cancelleria se conserva el sepulcro de Aulo Hircio, uno de los testimonios arqueológicos menos conocidos del antiguo Campo de Marte.
El monumento fue descubierto por casualidad en 1938. Su identificación está confirmada por los cipos que llevan el nombre de Aulus Hirtius, cónsul romano fallecido en el año 43 a. C. El sepulcro, hoy en gran parte rodeado de agua, constituye una presencia especialmente insólita dentro del recorrido y permite acceder físicamente a un nivel de la ciudad anterior en más de quince siglos a la época de Leonardo.
Aulo Hircio fue general y colaborador de Julio César. Participó en las campañas cesarianas y posteriormente fue designado cónsul para el año 43 a. C. Tras el asesinato de César, ocurrido el año anterior, la situación política romana desembocó en un enfrentamiento entre las distintas facciones cesarianas y el Senado.
Hircio, aunque procedía del entorno político de César, asumió junto con su colega Gayo Vibio Pansa el mando de las fuerzas senatoriales que combatían contra Marco Antonio, quien mantenía asediado a Décimo Bruto en Módena. Durante la campaña murieron ambos cónsules. Hircio cayó durante el ataque al campamento de Antonio en la guerra de Módena del año 43 a. C.
La figura de Hircio posee también importancia literaria. De hecho, se le considera con casi total seguridad autor del libro VIII del De bello Gallico, compuesto para enlazar la narración cesariana de los acontecimientos en la Galia con la fase inmediatamente anterior a la guerra civil.
La muerte de Hircio y la de Pansa fueron consideradas merecedoras de un reconocimiento excepcional: el Senado decretó para ambos una sepultura pública en el Campo de Marte. La presencia de la tumba de Hircio bajo el Palazzo della Cancelleria y el hallazgo en las proximidades de una lápida atribuible al monumento funerario de Pansa confirman la tradición transmitida por las fuentes antiguas.
El sepulcro fue identificado durante unas obras realizadas en el Palazzo della Cancelleria. La estructura funeraria está formada por un recinto cuadrangular con basamento de toba, paredes de ladrillo y remate a doble vertiente de travertino. Los cimientos del palacio renacentista interceptaron parcialmente su estructura.
La presencia de los cipos inscritos permitió identificar con certeza al titular del monumento. En la zona también se encontraron importantes materiales arqueológicos, entre ellos el Ara de los Vicomagistri y los célebres Relieves de la Cancelleria, conservados actualmente en los Museos Vaticanos; en los sótanos pueden verse sus respectivos moldes.
El elemento que hace que el sepulcro sea inmediatamente reconocible es la presencia del agua. El monumento se encontraba, de hecho, junto al Euripo, un canal que atravesaba el sector occidental del Campo de Marte y conducía las aguas hacia el Tíber.
Sin embargo, el aspecto sumergido actual no corresponde a la situación original de la tumba. Con la construcción de los muros de contención del Tíber a finales del siglo XIX, se modificaron u obstruyeron varias salidas de los sistemas de drenaje de la zona. La elevación y el estancamiento de las aguas transformaron progresivamente el área arqueológica subterránea hasta darle la particular configuración que puede observarse hoy.
El sepulcro no es una reconstrucción ni una instalación vinculada idealmente a Leonardo, sino un testimonio arqueológico auténtico al que se accede a través del recorrido de la exposición. Precisamente por ello merece un espacio autónomo en la presentación del evento.
El paso de las máquinas renacentistas al monumento funerario republicano introduce una ruptura clara, pero significativa: después de un recorrido basado en la reconstrucción de proyectos conservados sobre el papel, el visitante se encuentra con una estructura antigua que permanece en el lugar donde fue construida hace más de dos mil años.
La exposición permite acercarse a un aspecto de la obra de Leonardo que la notoriedad de sus grandes pinturas tiende a relegar a veces a un segundo plano. Leonardo fue sin duda uno de los grandes protagonistas de la pintura renacentista, pero gran parte de su actividad intelectual está documentada en los manuscritos en los que estudió máquinas, agua, anatomía, óptica, vuelo, arquitectura y fenómenos naturales.
La posibilidad de observar estos proyectos transformados en estructuras tridimensionales permite comprender hasta qué punto el dibujo técnico era fundamental en su manera de pensar. Las reconstrucciones no sustituyen a los códices originales, pero ayudan a interpretar su complejidad y a visualizar problemas que Leonardo abordaba mediante secuencias de bocetos y anotaciones.
Uno de los aspectos más interesantes de la visita consiste precisamente en la posibilidad de reconocer a un Leonardo históricamente más complejo que la imagen popular del profeta de la tecnología moderna. El carro blindado no es simplemente un vehículo acorazado moderno dibujado en el siglo XV, del mismo modo que el tornillo aéreo no puede identificarse directamente con el helicóptero contemporáneo.
Estos proyectos pertenecen, en cambio, a la cultura técnica renacentista y dan testimonio de la capacidad de Leonardo para llevar más allá de sus límites los conocimientos existentes, relacionando tradiciones mecánicas, observación de la naturaleza y experimentación gráfica. Es precisamente esta interpretación la que permite comprender plenamente el alcance de su investigación.
La interactividad hace que el recorrido resulte especialmente eficaz para comprender la mecánica elemental. Un engranaje que transmite el movimiento, una palanca que multiplica una fuerza o una serie de poleas muestran de forma concreta principios que Leonardo estudiaba mediante el dibujo.
El visitante se enfrenta, por tanto, no solo al resultado final, sino también al problema que la máquina intenta resolver. Es en esta relación entre pregunta, proyecto y funcionamiento donde la exposición encuentra su especificidad.
La presencia de las siete vitrinas temáticas y los nueve hologramas amplía aún más la interpretación de los modelos, relacionando la mecánica con los demás campos de la investigación de Leonardo. El recorrido permite así pasar de la materialidad de las estructuras de madera a la página manuscrita y de la página a la simulación digital del movimiento.
El descenso final hacia el sepulcro de Aulo Hircio añade a la visita una dimensión inesperada. No está directamente relacionado con Leonardo, pero constituye una parte efectiva y peculiar de la experiencia que ofrece la exposición: bajo el recorrido dedicado a los experimentos del Renacimiento emerge un testimonio del Campo de Marte republicano, todavía marcado por la presencia del antiguo sistema de canales. Dos formas muy diferentes de conocimiento del pasado, la reconstrucción de las máquinas y la conservación arqueológica, se encuentran así dentro de un mismo itinerario.
La visita resulta especialmente significativa para quienes conocen a Leonardo sobre todo a través de obras como la Gioconda, la Última Cena o el Hombre de Vitruvio. El recorrido del Palazzo della Cancelleria muestra, de hecho, a un autor para quien la práctica artística era inseparable de la observación de la realidad física.
En el estudio de una máquina, un curso de agua, el movimiento de un ala o la estructura del cuerpo humano reaparece la misma necesidad de analizar lo visible que caracteriza su pintura. Cambian los instrumentos y los objetos de investigación, pero permanece constante la voluntad de comprender las formas, los movimientos y las proporciones. Es precisamente esta continuidad la que hace que la exposición resulte útil para acercarse a la complejidad de Leonardo da Vinci y a la extraordinaria amplitud de su laboratorio intelectual.
Horario de apertura: De lunes a viernes, de 09:30 a 19:00. Fines de semana y festivos, de 09:30 a 19:30.
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