Picasso. El lenguaje de las ideas

4 octubre - 25 enero 2026

El artista español, que abarcó casi un siglo de historia, supo fusionar vida y arte en un lenguaje en constante cambio, basado en la experimentación continua y en la capacidad de reinventarse.

Museo Storico della Fanteria, Piazza di S. Croce in Gerusalemme, 9

Una exploración del lenguaje creativo en constante evolución de Picasso, la exposición presenta más de cien obras (pinturas, dibujos, grabados, esculturas y cerámicas) que trazan el espíritu experimental del artista, sus técnicas cambiantes y las relaciones cruciales que forjaron una de las carreras más influyentes del siglo XX. Foto: El recorrido de la exposición
Una sala del recorrido expositivo

La exposición «Picasso. El lenguaje de las ideas» lleva al público en un viaje que recorre las múltiples fases de la carrera de Pablo Picasso (1881, Málaga, España – 1973, Mougins, Francia). El artista, al explorar el universo creativo, supo atravesar estilos y técnicas manteniendo siempre vivo un talante experimental, con un lenguaje en constante cambio, en el que cada gesto encierra una reflexión estética e intelectual.

La muestra reúne más de cien obras del maestro español, entre pinturas, dibujos, grabados, esculturas, cerámicas y materiales gráficos, ofreciendo una mirada compleja y estratificada sobre el recorrido creativo de uno de los artistas más influyentes del siglo XX. El visitante es guiado a través de secciones que profundizan en amistades, amores, experimentaciones técnicas y momentos fundamentales de su carrera.

Pablo Picasso: genio en metamorfosis

La exposición ilustra cómo Picasso convirtió el gesto creativo en un laboratorio constante: desde las amistades y las relaciones con las mujeres, hasta técnicas innovadoras como el linóleo; desde la escenografía de “Le Tricorne” hasta las experiencias del último período en la Côte d’Azur; desde los primeros cuadernos juveniles de A Coruña hasta las artes menores y las experimentaciones. Un recorrido que testimonia el carácter inagotable de su genio, su fuerza innovadora y la capacidad de transformar cada idea en imagen, todo ello dividido en seis secciones:

Primera sección: Picasso, los amigos, las mujeres

El primer núcleo de la muestra está dedicado a la relación entre Picasso y las personas que marcaron su vida. Los amigos fueron compañeros de reflexión y experimentación; las mujeres, musas y compañeras, encarnaron estímulos creativos y transformaciones estilísticas.

Los amigos como comunidad creativa

En Montmartre, Picasso se rodeó de un círculo de intelectuales: Apollinaire, Max Jacob, André Salmon. Con ellos compartió ideas, debates y ensayos. Los retratos de los amigos, expuestos en la muestra, muestran cómo no fueron simples sujetos, sino interlocutores en la búsqueda del lenguaje moderno. “Yo no busco, encuentro”, afirmaba Picasso: a menudo fueron precisamente los diálogos con los amigos los que guiaron sus descubrimientos.

El período azul: dolor e introspección

Entre 1901 y 1904, Picasso vivió el período azul, dominado por atmósferas sombrías y un sentimiento de luto existencial. La muerte de su amigo Carlos Casagemas lo afectó profundamente, dando origen a un lenguaje pictórico marcado por tonalidades frías. Obras como La Vie (1903) o El viejo guitarrista ciego (1903–04) dan testimonio de ello. Figuras alargadas, miradas bajas, ambientes desnudos: todo contribuye a crear un sentido de aislamiento y espiritualidad.

La paleta, dominada por el azul, evoca soledad y espiritualidad. En la exposición, dibujos y grabados de este período muestran cómo la tragedia personal se transforma en reflexión universal sobre el dolor humano. Las amistades perdidas se convierten en símbolos de la precariedad de la existencia, generando así un lenguaje que busca dar cuerpo al drama humano colectivo.

El período rosa: el circo como metáfora

Entre 1904 y 1906, con el traslado a París y el encuentro con nuevos amigos, cambia la atmósfera y su lenguaje. Es el tiempo del período rosa, caracterizado por tonalidades cálidas y sujetos vinculados al mundo circense: arlequines, saltimbanquis, acróbatas. Las tonalidades se aclaran, virando hacia el rosa y el ocre.

Tras la gracia y la elegancia del mundo del circo, Picasso oculta reflexiones más profundas: los personajes circenses son frágiles, errantes, símbolos de la condición del propio artista. Este dualismo entre ligereza y melancolía emerge con fuerza en los papeles expuestos y en obras como Familia de saltimbanquis (1905). En la muestra, bocetos y gouaches dan testimonio de este momento.

Las mujeres como musas y metamorfosis

Las compañeras de Picasso fueron centrales en su proceso creativo porque marcaron las fases más incisivas de su producción artística. Fernande Olivier, Olga Khokhlova, Dora Maar, Françoise Gilot, Jacqueline Roque: cada una señala una fase estilística. Una sección está dedicada a retratos y dibujos que muestran cómo el rostro femenino se convierte en espejo de las transformaciones del artista. Cada relación sentimental coincide con un cambio de lenguaje: el clasicismo con Olga, el surrealismo con Dora, la vitalidad cromática con Françoise. La mujer, para Picasso, nunca es simple modelo, sino agente de metamorfosis.

Segunda sección: El linóleo, un nuevo descubrimiento

Una sección entera está dedicada a la técnica del linóleo, que Picasso descubrió y adoptó en los años treinta. Se trata de grabados realizados sobre linóleo, un material económico y fácilmente trabajable, que permitía una experimentación radical; un medio de estampación sobre matriz de linóleo, usualmente empleado en ámbitos populares, que para él se convirtió en ocasión de invención.

Para Picasso, el linóleo no era solo técnica, sino lenguaje conceptual. Los grabados se convertían en terreno de experimentación gráfica, reduciendo las formas a lo esencial y reforzando la relación entre signo e idea. Esto se refleja en la muestra a través de hojas que presentan variaciones sobre un mismo motivo.

La innovación técnica

Tradicionalmente, para estampar varios colores se utilizaban planchas separadas. Picasso, en cambio, ideó un método de incisión progresiva: la misma plancha se grababa, se imprimía y se volvía a grabar, superponiendo los colores en secuencia. Esta práctica exigía una precisión extraordinaria, pues cualquier error era irreversible. En la exposición pueden admirarse hojas que documentan el proceso paso a paso, mostrando la transformación de la imagen del primer al cuarto color y evidenciando su maestría al conjugar simplicidad material y complejidad visual.

Las zonas cromáticas netas, documentadas en obras como retratos femeninos y naturalezas muertas, ponen de relieve cómo esta técnica favorecía la construcción lineal y rigurosa, transformando el signo en pensamiento puro. Los grabados expuestos revelan la intención del artista de explorar los límites de la materia para alcanzar una claridad conceptual sin precedentes.

La tercera sección está dedicada a “Le Tricorne”

Un capítulo fascinante de la carrera de Picasso concierne a la colaboración con los Ballets Russes de Serguéi Diáguilev. En 1919, el artista realizó decorados y vestuarios para el ballet “Le Tricorne”, con música de Manuel de Falla y coreografías de Léonide Massine.

La colaboración con los Ballets Russes no fue un episodio aislado, sino que marcó la entrada de Picasso en el mundo del teatro y la escenografía. Esta experiencia demuestra cómo el artista concebía el arte como un sistema abierto, capaz de contaminarse con otras formas. En la muestra, los materiales vinculados a “Le Tricorne” recuerdan la capacidad de Picasso para llevar la innovación también a los lenguajes performativos.

Tradición española y modernidad

“Le Tricorne” se inspira en el folclore andaluz. Picasso logra fundir tradición popular y vanguardia, manteniendo los colores y motivos de la cultura española, pero interpretándolos con una síntesis moderna. Esta sección de la exposición pone de relieve la capacidad del artista para adaptar su estética a lenguajes diversos, anticipando la contaminación entre artes visuales y performativas.

El teatro como laboratorio

La experiencia teatral permitió a Picasso ampliar su lenguaje. Los bocetos para escenografías y vestuarios, algunos de los cuales se exhiben, demuestran cómo supo trasladar su estilo a un espacio escénico. Las líneas cubistas se adaptan al movimiento de los bailarines, transformando el escenario en una obra de arte total.

Cuarta sección: último período – Côte d’Azur, fotografías y exposiciones

El cuarto núcleo está dedicado a los años de madurez que Picasso pasó en la Côte d’Azur. Establecido en Vallauris, trabajó intensamente en la cerámica y la escultura, pero también en pinturas de gran libertad cromática. Fotografías de época lo retratan en su estudio, rodeado de amigos y coleccionistas, testimoniando el aura mítica que lo envolvía.

La cerámica de Vallauris

Durante los años cuarenta y cincuenta, Picasso se dedicó intensamente a la cerámica, experimentando con formas y esmaltes. En colaboración con artesanos locales, creó platos, ánforas y jarrones decorados con motivos mitológicos, animales y figuras estilizadas, mostrando un lenguaje directo y alegre. Estas obras, presentadas en la exposición, demuestran cómo incluso un arte considerado “menor” podía convertirse en vehículo de invención. Las cerámicas reflejan la alegría mediterránea y la libertad de un lenguaje que une tradición y modernidad.

Las fotografías y la vida cotidiana

La muestra presenta fotografías que retratan a Picasso en la vida cotidiana de la Costa Azul: trabajando en su estudio, junto a amigos como Matisse y Chagall, o con sus hijos Claude y Paloma. Estas imágenes muestran a un artista que, a pesar de haberse convertido en un icono mundial, seguía ligado a la práctica diaria y a la experimentación constante.

Quinta sección: Carnet de A Coruña, 1895

La quinta sección nos lleva a los orígenes: el cuaderno de A Coruña, realizado cuando Picasso tenía solo 14 años. Dibujos de rostros, animales y escenas de la vida cotidiana revelan un talento precoz, ya maduro en su capacidad de observación.

El adolescente prodigio

Estas hojas demuestran cómo Picasso era capaz de dominar el dibujo con sorprendente seguridad. Figuras anatómicas, bocetos rápidos, estudios de movimiento: todo da testimonio de un instinto natural, una capacidad extraordinaria para captar la esencia de lo real. La exposición del cuaderno permite al visitante comprender la continuidad entre el joven prodigio y el futuro innovador.

Del dibujo a la revolución

El cuaderno de A Coruña no es solo un documento biográfico, sino también símbolo del recorrido que llevará a Picasso a reinventar el arte. Las raíces clásicas y académicas se convierten en el terreno del que brota la revolución cubista. Exhibir el cuaderno junto a las obras maduras permite al visitante apreciar la continuidad de la investigación que atraviesa toda su carrera.

Última sección: artes menores y experimentaciones

La última sección está dedicada a las llamadas artes menores, que en realidad Picasso transformó en campos de experimentación fundamentales. Cerámicas, obras gráficas, ilustraciones, escenografías teatrales: cada ámbito era para él una oportunidad para repensar el arte de una manera nueva.

La gráfica y la edición

Picasso ilustró libros de poetas y amigos, entre ellos Apollinaire y Paul Éluard. Los grabados muestran su capacidad para adaptar el trazo a los textos literarios, creando intensos diálogos entre palabra e imagen. En esta parte de la muestra emergen sus trabajos editoriales, que revelan un diálogo interartístico que enriquecía ambas formas. Un mosaico que devuelve el carácter polifacético e inagotable de su genio.

Escenografías y decoraciones

Además de “Le Tricorne”, Picasso diseñó escenografías y vestuarios para otras producciones teatrales, demostrando su versatilidad. También los proyectos decorativos, como los paneles murales, revelan su deseo de extender el arte a una dimensión pública y colectiva. Como escribió Apollinaire, “Picasso piensa dibujando y dibuja pensando”. Esta inmediatez explica la vitalidad de su producción: cada técnica es una ocasión para traducir un concepto en imagen, un destello de intuición en forma visible.

Un lenguaje todavía actual

A más de cincuenta años de su muerte, Picasso sigue siendo una fuente de inspiración para artistas, diseñadores y creadores. Su capacidad para transformarse, para no instalarse nunca en un solo estilo, ofrece al público contemporáneo una lección de libertad intelectual. El arte como búsqueda incesante, como lenguaje que evoluciona junto con las ideas.

Visitar esta exposición significa confrontarse con un autor que redefinió los límites del arte moderno. Las obras expuestas no son solo imágenes, sino procesos mentales traducidos en formas. Picasso nos muestra que el arte es pensamiento encarnado, capaz de interrogar el presente y transformar la percepción.

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